XXX Tierra roja
Por
alguna razón, la cual sigo tomando como una reprenda por mi actitud ante el
grupo, me han enviado a supervisar las antenas en la superficie. No soy el más
apto para esos menesteres, ni siquiera me desplazo con rapidez arriba, pues el
cuerpo siempre me pesa, pero debo guiar mis pasos al cráter y cumplir con la
labor. Éste es enorme, se dice fue hecho
hace miles de años por una asteroide, aunque no es el único, pero sí de los más
grandes. En él se construyeron altas torres negras para establecer la
comunicación entre nosotros y otras razas, salvo con los humanos, cuyos avances
aún están muy abajo de cualquier raza.
Las
estructuras, destacan notablemente sobre el suelo rocoso y seco, por ello
fueron construidas en el fondo de ese lugar, para no ser vistas fácilmente. El
líder dice que en unos años los seres humanos enviarán pequeñas naves no
tripuladas al planeta y entonces podrían
verlas. Aunque en realidad no le preocupa eso, no le gusta de los humanos el
engaño a las personas comunes; ellos, a diferencia de nosotros, mienten con
frecuencia. Si las descubren no lo dirán a los demás. “Los humanos son seres de
oscuros secretos”, eso dice el líder
- ¡No debí quejarme! – afirmo
en voz baja.
Manifesté
mi desacuerdo con una situación y el líder me castigó: ahora voy rumbo al
cráter. En alguna ocasión escuché decir
a alguien que este planeta estuvo dotado de vida y todo era diferente. No sé de
ello, porque nací aquí, siempre he vivido bajo tierra y recuerdo la superficie
tan árida y triste como ahora, pero algunos hablan de las diferencias de antes.
Nadie sale de las ciudades bajo la tierra,
sólo los líderes y los pilotos cuando deben viajar. Me gustaría ser
piloto y adentrarme en las poderosos fuerzas de los agujeros de gusano, pero no,
desempeño mi papel y nada más.
El
camino es cansado y no me gusta estar
mucho sobre la superficie, menos sólo. Crecí abajo, como todos mis
compañeros, salir significa un enorme
desafío y me da miedo. Sí, los espacios abiertos me llenan de angustia y
preocupación, algo conocido por el líder, de ahí el castigo.
Después de un rato pienso en mi
vida, en los años en este lugar y el motivo por el cual cuestioné a mi líder.
Lo he meditado y jamás volveré a
manifestar mi punto de vista: sólo acataré órdenes. Antes de llegar al
cráter es necesario subir una pequeña cuesta y después descender hasta el punto
donde las estructuras se pueden observar. El ascenso es fácil, no así el
descenso, pues las rocas sueltas pueden provocar un traspié.
Esas estructuras oscuras yacen
frente a mis ojos, puedo ver dos: asemejan más bien a garras metálicas,
formadas con gruesas vigas entrelazadas entre sí. Una de ellas podría estar destroza, no sé si
por el clima u otras razas. Si otras
razas han llegado hasta aquí habrá problemas con la comunidad. Sigo caminando
mientras trato de encontrar algún indicio paras descubrir al culpable.
Espero no sean ellos.
Ellos son feroces, bravíos y el
raciocinio no fue otorgado a su cerebro. La violencia los domina, así como el deseo de
apoderarse de otras tierras. Me dan miedo y no conozco a alguien que no les
tema.
Un grito.
Mis pies se detienen, podría
reconocer ese alarido donde sea.
Rápidamente busco en todas
direcciones: no hay nadie. Camino más aprisa, siempre observando a mi alrededor
y cuando estoy cerca de las antenas nuevamente el sonido: se ha escuchado
próximo. Creo que he caminado hacia él. Me detengo a unos centímetros de una oquedad.
Silencio de mi parte.
Nuevamente el grito frente a mi,
bajo mis pies. Sin poder moverme y agitado, estiro un poco la cabeza y puedo ver
dentro del pozo a uno de ellos.
- ¡No
puede ser! – me digo aterrado.
Ahí
está él con su piel grisácea, tendiendo a la oscuridad, sus ojos rojos
enfurecidos, los dientes afilados y las escamas con un ligero brillo. Su rostro
de reptil está dotado de ira, me observa
enfurecido, cuando trato de retroceder se abalanza sobre mi y entonces todo se vuelve oscuro y
en silencio.