El insomnio se aferra a mí. Se prende de mis ojos, danza con fervor y cuando esto parece no funcionarle, me susurra al oído letras… palabras… historias que nacen como un ligero viento, dispuestas a convertirse en huracán. Entonces el insomnio inyecta en mi mano un rabo de energía y hace que las letras fluyan y se extiendan en ese cielo oscuro carente de estrellas.

lunes, 3 de abril de 2017

México un país en retroceso




Por María Celeste Vargas Martínez

Hoy, 3 de abril de 2017, el periódico Norte de Ciudad Juárez, cierra definitivamente sus filas. El motivo: no existen las condiciones necesarias para ejercer el periodismo. Quizá para muchos este hecho no signifique nada, es más será un noticia sin relevancia, pero  si vamos  más allá nos daremos cuenta de la seriedad que representa el cierre de un medio de comunicación. En primer lugar que el Norte deje de hacer periodismo de investigación significa  un retroceso terrible en el avance de la libertad de expresión en el país (la cual ha ido deteriorándose  con cada sexenio); en segundo lugar,  al Norte le pueden seguir otros medios que decidan cerrar su puertas ante la inseguridad latente que existe para el periodismo en México; en tercer lugar, que un medio de comunicación muera significa que hay un canal menos para que el  pueblo mexicano esté informado. Un medio menos para que los ciudadanos se enteren de lo acontecido en estas tierras. Una forma menos de conocer la realidad y un campo más para que las publicaciones sin contenido (chismes y demás hechos sin importancia de la farándula) sigan creciendo; y en cuarto lugar, el cierre representa la incompetencia de los gobiernos (panistas y priistas de los dos últimos sexenios) quienes no han podido terminar  con la violencia que ha involucrado  al  periodismo y la comunicación. Sí, la impunidad sigue creciendo y los  pésimos y corruptos gobernantes (tanto a nivel nacional como regional) siguen terminando con nuestro México.
                Es una desgracia terrible que un medio de comunicación impreso decida desaparecer después de 27 años de labor periodística. Y todavía algunos hablan de México como una gran potencia para competir con otros países y para invertir en él, sin darse cuenta que en un país donde la libertad de expresión no existe, las puertas del mundo moderno deberían estar cerradas para él.  


martes, 7 de marzo de 2017

La niña que fue a la escuela gracias a Blue Demon




Por María Celeste Vargas Martínez

Jamás pensé que un luchador influyera en la decisión de un niño, pero así fue. Cuando mi sobrina Paola era pequeña decía que no iría a la escuela, pues de grande sería luchadora y los luchadores no estudiaban (para ella, en esa etapa de su vida, los luchadores sólo se subían a un ring sin tener conocimiento de nada). Era claro su deseo de no estudiar y también lo era el pretexto de que los luchadores no lo hacían. Cuando le hacíamos ver que pronto debería asistir al kínder, ella se mantenía en lo dicho y se trepaba en la cama o en el sillón para lanzarse sobre mi esposo gritando: “¡Y ahí va el Místico!”; “¡Mira cómo vuela Místico!”.  Una y otra vez realizaba sus intrépidos lances desde cualquier mueble y una y otra vez mi esposo la atrapaba en el aire.  Además, eran comunes sus rabietas cuando tocábamos el tema de la escuela y siempre obteníamos la misma respuesta: “¡Voy a ser luchadora y los luchadores no estudian!”.
            Así fue durante algún tiempo: Pao se mantenía en no estudiar. Sin embargo, en una ocasión alguien dijo que un par de luchadores asistiría a una firma de autógrafos en una tienda de autoservicio cercana a la casa de la intrépida  niña. A la hora señalada fuimos al lugar. Paola, junto con sus hermanos Diana y Víctor, estaba más que dispuesta para pedirle un autógrafo a Blue Demon (el otro luchador no asistió). Recuerdo la mirada  inquieta de la niña al ver al deportista  llegar: alto, decidido y con porte de atleta. Hicimos fila  junto con el público que ahí aguardaba, pero cuando tocó el turno de Pao, yo pasé con ella: estaba alegre y  nerviosa. Curiosa observaba la máscara del luchador  y veía como éste plasmaba su firma en un volante donde se promocionaba su visita. Sin embargo, le hice saber a él lo que Pao pensaba.
-          No, nena, los luchadores sí estudiamos. Yo estudié,  terminé mi carrera   y además soy luchador… ¡Debes estudiar! – le dijo él mirándola a la cara.
El rostro de la niña cambió (así se  puede observar en las fotografías que tenemos del evento): la  alegría quedó a un lado  y el enfado nació en ella. De regreso a casa no dijo nada, pero era notorio su malestar. Cuando llegamos su abuelo le preguntó: “¿Qué pasó Pao? ¿Qué te dijo  el luchador?”.  Molesta  respondió: “¡Pues dijo que tengo que estudiar!”. Sin  detenerse entró a su casa y no la volvimos a ver por un largo rato. Imagino que toda la tarde pensó en la escuela y en las palabras de Blue Demon, pero  a partir de ese día no volvió a decir la frase trillada: aceptó ir al kínder y hasta hoy sigue estudiando con esmero (aunque ya no ha dicho si desea ser luchadora). Así que si  no fuera por Blue Demon, Paola hubiera seguido manteniendo su forma de pensar: “Voy a ser luchadora y los luchadores no estudian”.  





Delfina, la ballena




Por María Celeste Vargas Martínez

Delfina es una ballena de piel azul y boca blanca. Por la mañana coge su sombrilla y va en busca de su amigo Gaspar. Gaspar es un delfín, juguetón, bromista y muy tragón. Los dos gustan de charlar bajo el sol. Delfina se cubre con su sombrilla y mientras Gaspar salta de aquí a allá, ella le teje tranquila una bufanda para cuando el invierno en el mar haga su casa.
            Delfina es amistosa, a todos en el mar les habla: al calamar, a la mantarraya y hasta al callado cangrejo que en su concha aguarda. Ella es sonriente, pues a todos les enseña los dientes. Cuando está alegre toma una canasta, un mantel floreado, y cientos de emparedados para los peces. Y como nunca está triste, nadie tiene que consolar sus lágrimas.
            Delfina es una ballena, de piel azul y boca blanca, que por las noches canta a la Luna y a las estrellas, mientras todos en el mar junto a ella danzan.

martes, 6 de diciembre de 2016

Fragmento "Aquí no cabe el olvido"



      "A decir verdad, la casa le había costado cientos de lágrimas convertidas en un río torrencial que descendía todos los días por esa calle empinada donde vivía. Un río  profundo, deseado por  las tierras secas del Norte del país. Un río  que con el devenir de los años se convirtió en cercano, normal. Aunque  más que lágrimas, le había costado sangre. Sangre roja y espesa. Sangre que manchaba su rostro, sus manos, las paredes, el piso y las sábanas de esa primera noche en que Cutberto calmó sus ansias. Las de él.
            Golpes.
            Sangre.
            Idas al hospital.
            Dos costillas fracturadas.
            Ojos morados.
            Brazos magullados.
            Piernas amoratadas.
            La intimidad dolida.
            El ano ardiendo.
            Un brazo roto.
            La nariz rota.
            La muñeca rota.
            Los labios rotos.
            Y el alma, la pobre de su alma, rota, pisada, hecha trizas, mojada de escupitajos, sucia de blasfemias e insultos.
            Eso y más le había costado la casa.
           Eso y más le costaba la vida que cada noche o cada día o cada tarde se le resbalaba por las manos y se perdía en el drenaje"