El insomnio se aferra a mí. Se prende de mis ojos, danza con fervor y cuando esto parece no funcionarle, me susurra al oído letras… palabras… historias que nacen como un ligero viento, dispuestas a convertirse en huracán. Entonces el insomnio inyecta en mi mano un rabo de energía y hace que las letras fluyan y se extiendan en ese cielo oscuro carente de estrellas.

lunes, 10 de noviembre de 2025

El cielo y el hombre llorando

 


El cielo lloró 

sobre la tierra 

        triste,

                solo,

defraudado observa

las aguas oscuras

de ese río

que un día,

hace ya algunos  años,

fue cobijo de su llanto,

 

antaño

agua azul,

verde,

pura

dadora de vida,

espejo del cielo,

vanidad de estrellas,

quienes en noches de luna llena

peinaban tranquilas

sus rayos,

 

alimento

de pobres tierras

de campesinos olvidados,

resucitadora de bocas muertas

de labios secos

de ojos cristalinos

de rostros

cuarteados por el sol,

la tierra

y los años,

 

ahora

su agua es negra,

ya grisácea,

ya abandonada,

ya extraña,

 

el ganado

no se acerca,

los niños

no se refrescan en ella,

los novios

no se cuentan historias a su lado,

ya no toca la tierra,

ya no quita sed,

ya no ampara,

ya no protege

ni alimenta,

 

y él,

el río,

quisiera gritar a todos

que sigue ahí,

y le duele

ser así,

no quiere

seguir olvidado,

repudiado,

llora

igual a ellos,

igual a todos,

desearía

salir huyendo

y dejar al hombre

con sus anhelos

y pecados,

 

 

el anciano  lo contempla

y sus ojos

se saben tristes,

se saben húmedos

se sienten desolados,

y piensa

en esa modernidad,

llegó a su pueblo

en tiempos pasados,

en la fábrica de medias,

en el matadero

en el pan en bolsa,

y en las papas

de diversos sabores

y tamaños,

 

y llora,

llora igual al cielo

por su río

que bañó su piel

en sus primeros años,

y ahora

está sucio,

contaminado

de aceites,

basura

y las sustancias extrañas

le han dado

un aroma  raro,

 

 

y mira al cielo

y entiende sus lágrimas

de dolor

y enfado,

 

 

y súplica por

sus árboles

y animales,

su cielo azul

con nubes

secas

y llanto oculto,

y su tierra,

que lo alimenta a él,

a su familia

y a su ganado

mientras grita:

“Al diablo la modernidad

del hombre blanco”.

El mar

 

 

Nadie flota sobre el mar

sólo el cielo y nada más,

    esquiva olas,

resguarda tormentas,

        provoca rayos,

viento   y  desastre

        mientras juega tranquilo

el cielo con el mar.